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“Cada hora hiere, la última acaba con nosotros”
(Théophile Gautier)
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Empezar cosas que no se terminan es un ejercicio difícil. Es fantástico dejarse llevar por el entusiasmo de lo fresco sin sentirse presionado por la pesadez de la tarea inconclusa. Los mejores lienzos de Cezanne avalan esta postura.
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En realidad, estas son cosas que han finalizado en otro punto. De esa manera se reinventa el concepto del desenlace y, con él, el de la satisfacción. Esto se puede aplicar a todas las facetas de la existencia, para aumentar nuestra alegría, rebajar la tensión y estimular la creatividad…
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Estoy empezando un libro con retazos que nunca terminaré. Quizá os lo haga llegar así.
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… menos a la vida. La vida es mucho más implacable y hacendosa.
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“Un libro no es, en modo alguno, moral o inmoral.

Los libros están bien o mal escritos. Esto es todo.”

Oscar Wilde

Ayer fui a ver Lady MacBeth. Peliculón.

Dicho esto, empiezo a estar harta. Harta de ir al cine o de empezar a ver una serie y terminar con ganas de vomitar. Hemos pasado de dar dimensión a los personajes y dejar de hacerlos llanamente buenos, casi santos, al antihéroe y después a un “no-sé-bien-qué” de personajes putrefactos, sin moral, nauseabundos. De Colombo a Kung Fu a Jack Bauer a Walter White a True Detective.

Creo que el arte se ha convertido en transgresión pura y dura. Si podemos empezar una película con sesenta cuerpos desmembrados y una detective alcohólica a la que violaron en su más tierna infancia, tanto mejor. Vamos más y más a buscar lo violento mezclado con lo sórdido, con la decadencia del ser humano, drogadicciones límite, prácticas sexuales de lo más retorcido, imágenes espeluznantes de descuartizamientos. ¿Hasta dónde vamos a llegar?

Todo puede ser muy interesante si está bien planteado. Pero la sublimación del ser es también una parte importante del arte. ¿Por qué necesitamos todas esas imágenes e ideas horribles dando vueltas en nuestra cabeza? ¿Es nuestra mente un basurero ético?

Es más, ¿por qué escogemos enfrentarnos a todas esas emociones horribles? Hasta en Taxi Driver o El Padrino se ensalzaban una serie de valores. Últimamente siempre salgo del cine asqueada por la especie humana. Si no sabemos hacer otra cosa, propongo cerrar el garito por el bien de todos.

¡Y que viva Billy Wilder!

Ya puedes leer las aventuras de Sito en formato Kindle. Cómpralo aquí.

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Si ya lo has leído, puedes escribir una reseña. ¡También puedes colaborar compartiendo el enlace en las redes sociales!

Que lo disfrutes. Te mando un gran abrazo con mucho cariño.

“Madre: la palabra más bella pronunciada por el ser humano.”

Khalil Gibran

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Dar. Dar y dar. Ése era el trato, ¿no? Lo sabíamos todas antes de meternos en la historia.

No suelo escribir para criticar cosas, pero hace unos días que he leído un artículo que pone los pelos de punta. Lo que más me sorprende es que parece ser una moda, parece que hoy hay muchos artículos similares sobre diferentes temas. El que nos concierne lo podéis leer aquí.

http://www.elmundo.es/vida-sana/familia-y-co/2016/09/10/57d2a738e2704e43198b4623.html

Para evitaros el periplo de clics a los que no queráis leer más, cito textualmente una de esas madres: “Hasta el día de hoy fantaseo con la idea de que caiga enfermo y se muera. Si le ocurre algo, yo me muero, pero en cierto modo me sentiré aliviada”. Y después, sin más explicaciones, el artículo en cuestión nos defiende que estas mujeres no están locas. Vamos a cambiar un poco la frase. Supongamos que el marido de esta mujer dice “hasta el día de hoy fantaseo con que mi mujer se ponga enferma y se muera. Una parte de mí se sentirá aliviado”. Ahora pensaremos que el hombre es un psicópata y que debería dejar a su mujer.

Porque a todos nos ha pasado por la mente que nuestro hijo (o un ser querido) se ponga enfermo, le pase un coche por encima o se caiga por un barranco. Pero la reacción normal es tener miedo del tema, no querer que suceda, que se te revuelva el estómago o se te acelere el corazón. Y es algo que se te pasa por la cabeza, no una fantasía que se alimenta para el gozo personal. Fantasear con que a alguien le pase algo malo (sea quien sea) es un signo muy claro de que algo no va bien en la cabeza.

Además NADIE TE HA OBLIGADO A SER MADRE. Seamos honestos, que no estamos en la Edad Media. Hoy la gente se cuestiona lo que quiere hacer y lo que no y toma decisiones independientes. Que seas madre o no, no depende de la sociedad y sus supuestas “presiones”. No le echemos la culpa de todo como salida fácil. Has tomado una decisión usando tu libertad personal. Si hoy prefieres ir a un concierto que arrancar una sonrisa de los labios de tus peques, es tu problema estimar si la escala de valores en la que has basado tu vida vale un chavo.

Todos somos hijos. También somos seres sociales. A veces somos hermanos; en ocasiones, parejas; si tenemos suerte, amigos. Compañeros de trabajo, conocidos, clientes. Tenemos que decidir si en nuestra relación con los demás damos o tomamos. Si la gente está ahí para que la ayudemos, le sonriamos, le hagamos la vida mejor o para que “no nos molesten”, para “nuestra gratificación personal”. Es difícil, sí. Es difícil estar con el otro, que no piensa como nosotros, no vive como nosotros, no limpia como nosotros.

Ahora hay todo un movimiento muy popular del “yo, me, mí, conmigo”, donde la gente se queda sola, muy sola. Sola con Netflix porque, francamente, solos todos sabemos vivir, todos estamos la mar de contentos. Un poco frustrados, sí, pero cómodos. Hacemos más o menos lo que nos da la gana. Hacer lo que le da la gana a otro cuando a ti te da la gana hacer otra cuesta mucho. Y además, hoy hay mucha gente que no entiende en absoluto por qué es una buena idea. No me voy a molestar en explicarlo.

Evolucionar, crecer duele. Crecemos con el otro. No digo que el otro deba pasar siempre por una familia. Hay gente increíblemente dadivosa y compasiva que es soltera. Pero esta apología del “hacer lo que me da la gana”, del eterno adolescente estúpido al que se le hace un mundo dormir un poco menos, que se pasa la vida quejándose de lo difíciles que son los otros, de lo que molestan, de lo que cuestan, me parece absurdo. Habrá que cuestionarse un poco más si vemos que olvidarnos de nosotros y dar un poco de amor a pesar nuestro nos molesta tanto, tanto, tanto.

Me da igual si el instinto maternal existe o no. Estamos hablando de compasión, de amor, de cariño. Si eres madre (o padre) contigo viven, vengan o no de ti, unos seres muy pequeños que descubren la vida a través de tus ojos, que se forman siguiendo tu educación, que ríen cuando tu haces bromas. También que se nutren de lo que tú les ofreces, que se calman en tus brazos. Tú eres la persona más importante de su vida. Sí, gran privilegio, gran responsabilidad. Te la ha dado la vida porque tú la has buscado. Tómala.

Hoy en día se puede decir cualquier cosa. Y queremos que nos validen. El artículo dice barbaridades como “hay hijos que no merecen ser queridos”. ¿Quién eres tú para juzgar algo así? No hay nadie que no merezca ser querido. También habla el susodicho artículo de odiar la maternidad, de estar arrepentida. De que hay que poder hablar del tema, porque ahora somos todos muy abiertos y cabe todo. Hay que expresarlo todo. Ok, exprésalo. Pero no me defiendas, encima, que es normal. Es retorcido y enfermo. Yo creo que si demostramos menos indulgencia en hablar de temas así y más diligencia en aceptar la realidad y cooperar con ella seríamos más amantes y más compasivos. Eres alta, baja, gorda, flaca, blanca, negra, madre o no. A vivir la vida y a intentar aportar algo en lugar de quejarse.

Menos filantrópica en este post… o más, dependiendo de la mirada del que lea. A ver si hoy puedo hacer algo que me cueste mucho o puedo renunciar a algo para que alguien a mi alrededor sea feliz. Ésos suelen convertirse en los mejores momentos del día, aunque no siempre se me dé bien. Os invito a buscar la oportunidad de hacer lo mismo. Un abrazo enorme y muy buen día a todos.

Profiles with Christian and Islamic symbols

 

Queridos hermanos (y hermanas, se entiende) musulmanes:

Soy Laura, nacida en el seno de una familia católica, criada católica. Me encantan todas las religiones y me entristece profundamente ver cómo estamos perdiendo toda la magia, los rituales, el folklore, las canciones que envolvían nuestra cultura y que nos empujaban al amor. Finalmente, el objetivo es simplemente ser mejores personas, más caritativas, más abiertas, más inclinadas al perdón. Es una lástima que algunos hayan utilizado esas bellas enseñanzas para tergiversarlas, para enriquecerse, para obtener poder. Pero ese es otro tema que quizá trate en otra carta y que no debería manchar el buen mensaje de base.

Hoy no quiero hablar de ello, pues hay cosas que me entristecen aún más. Soy una más de las que mira las noticias y lee los artículos que empapelan el mundo, que tiene el corazón partido por tanto dolor y tanto odio. No comprendo cómo hay personas que pueden querer dañar a otras en nombre de nada. Quizá hay gente que lo haga en nombre de Alá, pero creo sinceramente que esa gente buscaría otro motivo para hacer daño. Tienen ponzoña en el corazón y utilizan ese nombre sagrado como podrían utilizar cualquier otra excusa para escupirla sobre el prójimo. No tiene nada que ver con la religión.

La tristeza me invade cada vez que oigo un comentario islamófobo. Me indigno profundamente cada vez que alguien comenta una matanza y su interlocutor pregunta si el autor era musulmán. He viajado mucho, también a países musulmanes, y lo único que he encontrado es una generosidad y una acogida sin igual. He aprendido mucho de vosotros y os admiro por vuestra fuerza de voluntad y vuestra honradez.

Queridos musulmanes, vosotros, los que realmente lleváis el estandarte de vuestra religión: siempre habéis tenido una sonrisa sincera para mí, una palabra bella. Siempre ha habido algo que ofrecerme y jamás os habéis preguntado en nombre de qué Dios hacía yo las cosas. He leído vuestros libros y he encontrado palabras de paz y de amor. Quizá los hay que no las han entendido o las han leído con el alma llena de basura y no han sacado más que odio.

Mi curiosidad me ha hecho andar vuestras calles, sentarme al pie de vuestras mezquitas. He estudiado vuestras oraciones e investigado vuestras tradiciones, sólo para descubrir que no hay nada en ellas que nos separe. Sé también que vuestro corazón se encoge como el mío ante los sucesos de los periódicos, que también os reconcome la impotencia. Y sé también que os sentís apartados de un mundo que os mira con desconfianza, que os analiza en las aduanas del mundo, que se cambia de acera al veros pasar.

Queridos hermanos musulmanes: como vosotros podéis también decir, no todos somos así. No todos hemos sucumbido al miedo y al odio. Somos muchos los que sabemos que Islam y terrorismo son dos cosas muy diferentes, opuestas completamente. Somos muchos los que desde nuestra tradición, respetamos el Islam, amamos la diferencia y queremos tender la mano a todos los que no piensan como nosotros. Somos muchos los que creemos que la verdad y el amor están en el hecho de compartir el mundo desde la diversidad y no desde la tiranía de pensar que lo justo es que todos creamos lo mismo.

Queridos hermanos musulmanes, sed valientes. Pensad siempre que en cada persona hay un amigo potencial. Llevad alta la bandera del amor que vuestra religión pregona y mostrad al mundo la luz que lleváis dentro. Sois un ejemplo de muchas cosas, no os escondáis jamás y apagad con vuestro amor a los que con su odio hacen tanto ruido.

Ojalá un día se cumpla ese sueño de hermandad en el que todos estaremos unidos sin importar nuestro credo, nuestra piel. Un día en el que todos podamos poner en común lo mejor de nosotros mismos y ser amigos sobre esta tierra, que tan bonita es y tanto nos grita que necesita de nuestro amor. Un abrazo con el corazón,

Laura

Estoy orgullosa de anunciaros la publicación de mi primera novela infantil/juvenil. Pronto podréis leer el primer capítulo gratuitamente en escritores.org.

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“Me llamo Sito. Papá, mamá y yo nos vamos al campo. Pero no nos vamos al campo para un rato, nos vamos del todo. Detrás dejo mi ciudad, mi antiguo cole y mejor amigo invisible. Yo sé que mucha gente también los tiene, que lo he visto en las pelis.

Ahora vamos a nuestra casa de piedra, en la que tengo una habitación gigantesca y un desván que parece la bodega de un barco pirata. Quiero contarte la gran aventura de mi vida y que descubras conmigo la amistad de verdad.”

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“¡Cuán bueno hace al hombre la dicha! Parece que uno quisiera dar su corazón, su alegría.

¡Y la alegría es contagiosa!”

(Noches Blancas, Fiódor Dostoyevski)

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Creo que llevo más de 9 meses escribiendo este post. Y no es que haya tenido uno de los embarazos más gentiles de la historia. Al principio tuve náuseas como casi todo el mundo y tuve que pasar gran parte del primer trimestre haciendo reposo. Esperé a que la ginecóloga me diera el pistoletazo de salida para empezar vida normal, normal de embarazada, claro. Ese momento llegó mientras mi padre fallecía. Pues os podéis imaginar…

Sin embargo, pienso que hay que separar lo bueno de lo malo. Las náuseas no te quitan la ilusión de la nueva vida que crece dentro de ti y lo que es difícil no neutraliza lo que es genial, simplemente están al lado, son dos cosas a vivir separadamente. Así que en general, puedo decir que he pasado un buen embarazo, sin demasiadas molestias y con el resultado de un hijo magnífico que me deja dormir TODAS las noches, que es mucho, mucho, mucho.

Pero creo que las mujeres que han estado embarazadas e internet como herramienta somos un poco… no sé mucho qué palabra ponerle. Voilà la cantidad de cosas horribles que oyes: las náuseas, las estrías, la ciática, la subida de peso excesiva, los mareos, los desmayos, las hormonas jugándote malas pasadas, el estreñimiento, las hemorroides, el cansancio, los calambres, las cosas que son increíblemente peligrosas, etc. ¿Te ha pasado esta desgracia? ¿Y esta otra? ¡Ya verás después! Y no vas a dormir, y no podrás hacer deporte, y la lactancia duele… mil cosas que en mi caso particular han sido falsas en su práctica totalidad. Pero vamos, que si hubieran sido ciertas, el comentario tampoco me hubiera ayudado. De hecho, tecleando “embarazo y” en google, éste nos sugiere “embarazo y dolor de estómago”, “embarazo y diarrea”, “embarazo y zika”, etc. ¡Pues podría ser también “embarazo y alegría de vivir”!

También están los de las desgracias psicológicas. Al padre le dicen que su mujer va a ignorarle y que todo será bebé y a la madre que tendrá que modificar toda su vida mientras su marido continuará con sus sueños como siempre. Francamente, no sé a quién ha podido ayudarle este comentario. No es cuestión de envenenar una pareja y plantar miedos en las cabezas de las personas que pueden separar un amor o hacer la relación más difícil.

Añadamos un plus de generosidad y de buena voluntad a vuestros consejos… o al menos, un poco de conciencia. No nos sirve de nada hablar de desgracias y más desgracias y lo que se consigue es asustar a los que tienen un bebé en camino. En realidad, no nos sirve de nada hablar de desgracias NUNCA. Del divorcio de este, de la enfermedad de la otra. Es evidente que seríamos mucho más felices si habláramos más de cosas bellas y alegres.

Así que he decidido hacer un decálogo de cosas bellas que me pasaron mientras estaba embarazada, para que podamos mirar la parte positiva de las cosas. Ahí va.

  1. Todo el mundo te trata como si fueras una princesa: siéntate aquí, no cargues esto, descansa un poco más, ¿te encuentras bien?, ¿puedo hacer algo por ti? Una conocida me dijo una vez que todo el mundo debería tratarse como si estuviéramos siempre embarazados. Se me antoja un bonito pensamiento: estar siempre pendiente del bienestar del prójimo como si fuera algo precioso.
  1. Volver a disfrutar de la comida como cuando era una niña. Porque, por Dios, cuando te apetece algo, te apetece de verdad. De una manera en la que no te apetece normalmente. Aunque sean las tres de la mañana y te levantes a hacerte un plato de garbanzos.
  1. La cara de gilipollas mirando la pantalla de la ecografía, que el 90% del tiempo no tiene más sentido que el antiguo codificado del Plus.
  1. Experimentar una conexión maravillosa con mil personas que quieren ayudarte: darte ropita, un carro, un consejo para las molestias que puedas tener (eso sí es positivo), etc.
  1. Descubrir que roncas y millones de cosas nuevas divertidas, que resulta que a tu marido también le parecen divertidas (debe ser porque es algo pasajero) y que se convierten en el centro de atención de las conversaciones entre amigos. Y pasar una vergüenza tremenda con un montón de cosas.
  1. El subidón de energía del segundo trimestre. Parece que te vayas a comer el mundo (y al final del trimestre empieza a parecer que te lo hayas comido). Te sientes bien, feliz, y llena de vida.
  1. ¡Disfrutar de cada salida nocturna a tope! Cada cena es especial. De hecho, con mi marido nos pasamos casi dos semanas haciendo “la última salida” aquí o allá. Sabes que te va a cambiar la vida y cada momento de la que queda tiene un sabor especial
  1. La relación extraespecial con la pareja. Sobre todo al final del embarazo, cuando el balón toma proporciones inmensas y la inminencia del cambio de vida es tan clara. Ahora sí, pase lo que pase, estaremos unidos para siempre, aunque tan sólo sea en las células de ese pequeño ser que nos sonríe desde el moisés. Finalmente, estás indiscutiblemente conectada.
  1. Apreciar a tu madre como nunca. Ahora sabes lo que ha sentido por ti, lo que le ha pasado mientras crecías en su vientre y lo valoras de una manera especial. Aún más, de hecho, después del parto y después de la subida de la leche… Y es tan bonito…
  1. Darme cuenta de que mis hijos serán mis hijos y no los hijos de las páginas de internet mortificadoras que podemos leer. Yo no soy una chica modelo ni creo que pueda ser una madre modelo: si se me caen unas gotas de zumo en la mesa en el desayuno, es posible que las limpie instintivamente con la manga. A pesar de ello, puedo ser algo maniática de la limpieza, no muy ordenada, nada seria y bastante payasa. No tengo una opinión especial sobre la educación, ni sobre si los niños deben dormir aquí o allá y me cuesta leer libros sobre el cuidado de los bebes. Pero me niego a opinar sobre todo, así que mi hijo será hijo de alguien… que no tiene ni la mas repajolera idea de nada. Me guío por mi instinto. Y por lo que he visto estos dos meses, le va muy bien.

Ahí está mi decálogo. Durante todo mi embarazo no he querido nunca decirle nada incómodo a otra embaraza y aún hoy no quiero. Me gusta la idea de comentar que como hice yoga y muchos ejercicios no tuve ciáticas, ni calambres, que dormía bien, que se puede disfrutar mucho de tu cuerpo raro que cambia y se hace bello de una manera indescriptible, redondo y acogedor.

Creo que en este mundo estamos para ayudar cuando hay un problema, no para verlos venir. Sí, es verdad, la desgracia viene sola con sus patitas largas. Mientras tanto, sonriamos a lo bueno. Creemos alegría por la vida, miremos el lado positivo, que siempre lo hay. Y si no lo hubiere, pues inventémoslo. Nuestra felicidad está en nuestra actitud, nuestras emociones y nuestros pensamientos, no en nuestras circunstancias. Así que compartamos lo mejor de nuestra vida y ayudémonos en lo que cuesta.

Que nos una más el amor por algo que el odio por algo. Que nos una más la alegría por la existencia que nada en este mundo, el deseo de que el otro sea feliz y esté ilusionado. Que nos una la vida, vivida hasta el tuétano.

Y que seas muy feliz, navegante.