paso_del_tiempo

“Se dice que el tiempo es un gran maestro;

lo malo es que va matando a sus discípulos.”

(Hector Berlioz)

Cuando oigo hablar a la generación de nuestros abuelos, me sorprende una cosa: ellos nunca tuvieron “tiempo para ellos mismos”. Suelen contar vidas activas, llenas de hijos, familia, servicio, trabajo y obligaciones. También de risas y momentos compartidos de forma creativa, lejos de la televisión y las redes sociales.

Nunca tuvieron “tiempo para ellos”. Ni se lo plantearon. El tiempo es todo de nosotros. Estés trabajando, cambiando un pañal, escuchando a la vecina del quinto o haciendo una fiesta, cada segundo es tuyo. No son más tuyos esos momentos que tanto anhelas pasar en la cama tragando Netflix.

El tiempo ni se pierde, ni se gasta. El tiempo pasa, independientemente de lo que queramos hacer con él, impasible a nuestras apetencias. Él sigue su camino imperturbable, tanto en nuestras alegrías como en nuestras penas. Él hace caducar nuestros gozos de la misma forma que cura nuestras heridas, magnánimo en su caminar.

Cada instante es nuestro. Todo el tiempo del mundo es nuestro tiempo. La vida es nuestra y cada minuto, sin excepción, es nuestro tiempo.

Hagamos de la vida nuestra vida. Todas las horas que contiene. Amemos nuestra existencia hasta el tuétano y adueñémonos por fin de lo que nos pertenece. Porque esto se acaba, compañeros. El tiempo pasa y, a pesar de dejarnos hablar mucho, se guarda la última palabra. Razón de más para celebrar un regalo que no deberíamos dar por hecho.

Que disfrutes tu tiempo con mucha alegría. Un abrazo desde el corazón.

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“Todo arte es completamente inútil”

(Oscar Wilde)

Uno de mis grandes placeres es, o era, sentarme a escribir sin nada especial que decir. Me gusta dejar que los pensamientos alcen el vuelo sin saber muy bien a dónde van. El pensamiento dirigido es una pérdida de tiempo. Él se limita a repetir patrones y sendas que ya conoce. Cuando las sienes deambulan, se sorprenden en su pesado caminar de los recovecos inesperados de la mente.

Ahí está el arte, agazapada en un rincón de la psique. Para muchos, prendida de una neurosis o una demencia precoz.

Enemigos del arte hay muchos. Un móvil encima de la mesa de trabajo es uno. Las constantes interrupciones de la vida diaria son otro. La maternidad nos condena invariablemente al rendimiento, al empleo provechoso de cada minuto. Nos aleja del arte, aunque creo que nos prepara para él de una forma impensada.

Hoy no tengo nada que deciros. Quería sentarme un momento a escribir cualquier cosa a pesar de estas manitas que tiran de mi pantalón. Aunque sea inútil, como cantar en la ducha o pintar un bodegón.

Feliz año a todos.

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“Cada hora hiere, la última acaba con nosotros”
(Théophile Gautier)
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Empezar cosas que no se terminan es un ejercicio difícil. Es fantástico dejarse llevar por el entusiasmo de lo fresco sin sentirse presionado por la pesadez de la tarea inconclusa. Los mejores lienzos de Cezanne avalan esta postura.
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En realidad, estas son cosas que han finalizado en otro punto. De esa manera se reinventa el concepto del desenlace y, con él, el de la satisfacción. Esto se puede aplicar a todas las facetas de la existencia, para aumentar nuestra alegría, rebajar la tensión y estimular la creatividad…
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Estoy empezando un libro con retazos que nunca terminaré. Quizá os lo haga llegar así.
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… menos a la vida. La vida es mucho más implacable y hacendosa.

“Un libro no es, en modo alguno, moral o inmoral.

Los libros están bien o mal escritos. Esto es todo.”

Oscar Wilde

Ayer fui a ver Lady MacBeth. Peliculón.

Dicho esto, empiezo a estar harta. Harta de ir al cine o de empezar a ver una serie y terminar con ganas de vomitar. Hemos pasado de dar dimensión a los personajes y dejar de hacerlos llanamente buenos, casi santos, al antihéroe y después a un “no-sé-bien-qué” de personajes putrefactos, sin moral, nauseabundos. De Colombo a Kung Fu a Jack Bauer a Walter White a True Detective.

Creo que el arte se ha convertido en transgresión pura y dura. Si podemos empezar una película con sesenta cuerpos desmembrados y una detective alcohólica a la que violaron en su más tierna infancia, tanto mejor. Vamos más y más a buscar lo violento mezclado con lo sórdido, con la decadencia del ser humano, drogadicciones límite, prácticas sexuales de lo más retorcido, imágenes espeluznantes de descuartizamientos. ¿Hasta dónde vamos a llegar?

Todo puede ser muy interesante si está bien planteado. Pero la sublimación del ser es también una parte importante del arte. ¿Por qué necesitamos todas esas imágenes e ideas horribles dando vueltas en nuestra cabeza? ¿Es nuestra mente un basurero ético?

Es más, ¿por qué escogemos enfrentarnos a todas esas emociones horribles? Hasta en Taxi Driver o El Padrino se ensalzaban una serie de valores. Últimamente siempre salgo del cine asqueada por la especie humana. Si no sabemos hacer otra cosa, propongo cerrar el garito por el bien de todos.

¡Y que viva Billy Wilder!

Ya puedes leer las aventuras de Sito en formato Kindle. Cómpralo aquí.

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Si ya lo has leído, puedes escribir una reseña. ¡También puedes colaborar compartiendo el enlace en las redes sociales!

Que lo disfrutes. Te mando un gran abrazo con mucho cariño.

“Madre: la palabra más bella pronunciada por el ser humano.”

Khalil Gibran

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Dar. Dar y dar. Ése era el trato, ¿no? Lo sabíamos todas antes de meternos en la historia.

No suelo escribir para criticar cosas, pero hace unos días que he leído un artículo que pone los pelos de punta. Lo que más me sorprende es que parece ser una moda, parece que hoy hay muchos artículos similares sobre diferentes temas. El que nos concierne lo podéis leer aquí.

http://www.elmundo.es/vida-sana/familia-y-co/2016/09/10/57d2a738e2704e43198b4623.html

Para evitaros el periplo de clics a los que no queráis leer más, cito textualmente una de esas madres: “Hasta el día de hoy fantaseo con la idea de que caiga enfermo y se muera. Si le ocurre algo, yo me muero, pero en cierto modo me sentiré aliviada”. Y después, sin más explicaciones, el artículo en cuestión nos defiende que estas mujeres no están locas. Vamos a cambiar un poco la frase. Supongamos que el marido de esta mujer dice “hasta el día de hoy fantaseo con que mi mujer se ponga enferma y se muera. Una parte de mí se sentirá aliviado”. Ahora pensaremos que el hombre es un psicópata y que debería dejar a su mujer.

Porque a todos nos ha pasado por la mente que nuestro hijo (o un ser querido) se ponga enfermo, le pase un coche por encima o se caiga por un barranco. Pero la reacción normal es tener miedo del tema, no querer que suceda, que se te revuelva el estómago o se te acelere el corazón. Y es algo que se te pasa por la cabeza, no una fantasía que se alimenta para el gozo personal. Fantasear con que a alguien le pase algo malo (sea quien sea) es un signo muy claro de que algo no va bien en la cabeza.

Además NADIE TE HA OBLIGADO A SER MADRE. Seamos honestos, que no estamos en la Edad Media. Hoy la gente se cuestiona lo que quiere hacer y lo que no y toma decisiones independientes. Que seas madre o no, no depende de la sociedad y sus supuestas “presiones”. No le echemos la culpa de todo como salida fácil. Has tomado una decisión usando tu libertad personal. Si hoy prefieres ir a un concierto que arrancar una sonrisa de los labios de tus peques, es tu problema estimar si la escala de valores en la que has basado tu vida vale un chavo.

Todos somos hijos. También somos seres sociales. A veces somos hermanos; en ocasiones, parejas; si tenemos suerte, amigos. Compañeros de trabajo, conocidos, clientes. Tenemos que decidir si en nuestra relación con los demás damos o tomamos. Si la gente está ahí para que la ayudemos, le sonriamos, le hagamos la vida mejor o para que “no nos molesten”, para “nuestra gratificación personal”. Es difícil, sí. Es difícil estar con el otro, que no piensa como nosotros, no vive como nosotros, no limpia como nosotros.

Ahora hay todo un movimiento muy popular del “yo, me, mí, conmigo”, donde la gente se queda sola, muy sola. Sola con Netflix porque, francamente, solos todos sabemos vivir, todos estamos la mar de contentos. Un poco frustrados, sí, pero cómodos. Hacemos más o menos lo que nos da la gana. Hacer lo que le da la gana a otro cuando a ti te da la gana hacer otra cuesta mucho. Y además, hoy hay mucha gente que no entiende en absoluto por qué es una buena idea. No me voy a molestar en explicarlo.

Evolucionar, crecer duele. Crecemos con el otro. No digo que el otro deba pasar siempre por una familia. Hay gente increíblemente dadivosa y compasiva que es soltera. Pero esta apología del “hacer lo que me da la gana”, del eterno adolescente estúpido al que se le hace un mundo dormir un poco menos, que se pasa la vida quejándose de lo difíciles que son los otros, de lo que molestan, de lo que cuestan, me parece absurdo. Habrá que cuestionarse un poco más si vemos que olvidarnos de nosotros y dar un poco de amor a pesar nuestro nos molesta tanto, tanto, tanto.

Me da igual si el instinto maternal existe o no. Estamos hablando de compasión, de amor, de cariño. Si eres madre (o padre) contigo viven, vengan o no de ti, unos seres muy pequeños que descubren la vida a través de tus ojos, que se forman siguiendo tu educación, que ríen cuando tu haces bromas. También que se nutren de lo que tú les ofreces, que se calman en tus brazos. Tú eres la persona más importante de su vida. Sí, gran privilegio, gran responsabilidad. Te la ha dado la vida porque tú la has buscado. Tómala.

Hoy en día se puede decir cualquier cosa. Y queremos que nos validen. El artículo dice barbaridades como “hay hijos que no merecen ser queridos”. ¿Quién eres tú para juzgar algo así? No hay nadie que no merezca ser querido. También habla el susodicho artículo de odiar la maternidad, de estar arrepentida. De que hay que poder hablar del tema, porque ahora somos todos muy abiertos y cabe todo. Hay que expresarlo todo. Ok, exprésalo. Pero no me defiendas, encima, que es normal. Es retorcido y enfermo. Yo creo que si demostramos menos indulgencia en hablar de temas así y más diligencia en aceptar la realidad y cooperar con ella seríamos más amantes y más compasivos. Eres alta, baja, gorda, flaca, blanca, negra, madre o no. A vivir la vida y a intentar aportar algo en lugar de quejarse.

Menos filantrópica en este post… o más, dependiendo de la mirada del que lea. A ver si hoy puedo hacer algo que me cueste mucho o puedo renunciar a algo para que alguien a mi alrededor sea feliz. Ésos suelen convertirse en los mejores momentos del día, aunque no siempre se me dé bien. Os invito a buscar la oportunidad de hacer lo mismo. Un abrazo enorme y muy buen día a todos.

Profiles with Christian and Islamic symbols

 

Queridos hermanos (y hermanas, se entiende) musulmanes:

Soy Laura, nacida en el seno de una familia católica, criada católica. Me encantan todas las religiones y me entristece profundamente ver cómo estamos perdiendo toda la magia, los rituales, el folklore, las canciones que envolvían nuestra cultura y que nos empujaban al amor. Finalmente, el objetivo es simplemente ser mejores personas, más caritativas, más abiertas, más inclinadas al perdón. Es una lástima que algunos hayan utilizado esas bellas enseñanzas para tergiversarlas, para enriquecerse, para obtener poder. Pero ese es otro tema que quizá trate en otra carta y que no debería manchar el buen mensaje de base.

Hoy no quiero hablar de ello, pues hay cosas que me entristecen aún más. Soy una más de las que mira las noticias y lee los artículos que empapelan el mundo, que tiene el corazón partido por tanto dolor y tanto odio. No comprendo cómo hay personas que pueden querer dañar a otras en nombre de nada. Quizá hay gente que lo haga en nombre de Alá, pero creo sinceramente que esa gente buscaría otro motivo para hacer daño. Tienen ponzoña en el corazón y utilizan ese nombre sagrado como podrían utilizar cualquier otra excusa para escupirla sobre el prójimo. No tiene nada que ver con la religión.

La tristeza me invade cada vez que oigo un comentario islamófobo. Me indigno profundamente cada vez que alguien comenta una matanza y su interlocutor pregunta si el autor era musulmán. He viajado mucho, también a países musulmanes, y lo único que he encontrado es una generosidad y una acogida sin igual. He aprendido mucho de vosotros y os admiro por vuestra fuerza de voluntad y vuestra honradez.

Queridos musulmanes, vosotros, los que realmente lleváis el estandarte de vuestra religión: siempre habéis tenido una sonrisa sincera para mí, una palabra bella. Siempre ha habido algo que ofrecerme y jamás os habéis preguntado en nombre de qué Dios hacía yo las cosas. He leído vuestros libros y he encontrado palabras de paz y de amor. Quizá los hay que no las han entendido o las han leído con el alma llena de basura y no han sacado más que odio.

Mi curiosidad me ha hecho andar vuestras calles, sentarme al pie de vuestras mezquitas. He estudiado vuestras oraciones e investigado vuestras tradiciones, sólo para descubrir que no hay nada en ellas que nos separe. Sé también que vuestro corazón se encoge como el mío ante los sucesos de los periódicos, que también os reconcome la impotencia. Y sé también que os sentís apartados de un mundo que os mira con desconfianza, que os analiza en las aduanas del mundo, que se cambia de acera al veros pasar.

Queridos hermanos musulmanes: como vosotros podéis también decir, no todos somos así. No todos hemos sucumbido al miedo y al odio. Somos muchos los que sabemos que Islam y terrorismo son dos cosas muy diferentes, opuestas completamente. Somos muchos los que desde nuestra tradición, respetamos el Islam, amamos la diferencia y queremos tender la mano a todos los que no piensan como nosotros. Somos muchos los que creemos que la verdad y el amor están en el hecho de compartir el mundo desde la diversidad y no desde la tiranía de pensar que lo justo es que todos creamos lo mismo.

Queridos hermanos musulmanes, sed valientes. Pensad siempre que en cada persona hay un amigo potencial. Llevad alta la bandera del amor que vuestra religión pregona y mostrad al mundo la luz que lleváis dentro. Sois un ejemplo de muchas cosas, no os escondáis jamás y apagad con vuestro amor a los que con su odio hacen tanto ruido.

Ojalá un día se cumpla ese sueño de hermandad en el que todos estaremos unidos sin importar nuestro credo, nuestra piel. Un día en el que todos podamos poner en común lo mejor de nosotros mismos y ser amigos sobre esta tierra, que tan bonita es y tanto nos grita que necesita de nuestro amor. Un abrazo con el corazón,

Laura